Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.
Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos.
Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos.
Salmo 139:1-3
*Antes de leer este post, les animo a que lean y mediten en su biblia todo el Salmo 139.
Una gran parte de dejarse conocer es hacerse vulnerable. Cuanto más íntima sea la relación, mayor es la vulnerabilidad; cualquiera que esté en un matrimonio puede dar testimonio de esto. Y nuestra relación con Dios no es la excepción. Esto se hace obvio en el Salmo 139. Sin embargo, hacerse vulnerable no es algo fácil de hacer, especialmente delante de Dios. Cuántas veces nos ha pasado que cometemos un error, una desobediencia, o un pecado y en vez de ir con la única persona que nos puede ayudar, decidimos escondernos de Él. Al final, no somos tan diferentes de Adán y Eva, cuando se escondieron por su desobediencia. Pero el Salmo 139 nos exhorta a presentarnos delante de Dios tal cual sea nuestra condición, porque después de todo, no hay lugar en donde nos podamos esconder de Él.
David fue un gran ejemplo de cómo presentarse en vulnerabilidad delante de Dios. Cuando él pecó tomando a Betsabé y luego matando a su esposo, Urías, él no se escondió de Dios, más bien se arrodilló delante de Él rogándole que lo perdone (2 Samuel 12:1-25). También escribió un Salmo de arrepentimiento, que al día de hoy resuena con los corazones humillados delante del pecado. El Salmo 51 muestra cómo David se acercó a Dios con su corazón en las manos, en completa vulnerabilidad para presentarle su petición de misericordia. En el versículo 17 del Salmo 51, David dice así:
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
Las palabras en hebreo que usó David en este Salmo para describir a un "espíritu quebrantado" y un "corazón contrito y humillado" son las palabras: שָׁבַר (Sabar) y דָּכָה (Dakar). Ambas palabras se traducen como quebrantado, despedazado, aplastado, destruido, y destrozado. No es un corazón un poco triste y avergonzado, es un corazón que ha caído en una gran profundidad de quebrantamiento. Hoy en día seguramente lo describiríamos como la peor depresión y angustia en la que alguien pueda caer, esa que no nos deja ni levantarnos de la cama ni comer, y que se siente como estar atrapado en el hoyo más profundo, sin salida.
Ese era el estado de David cuando escribió el Salmo 51 y así se presentó delante de Dios en arrepentimiento. Y aunque Dios no le quitó el castigo y tuvo que morir su hijo, a Él sí le agradó ver su corazón. Ya que a pesar de su dolor no se dejó reinar por el sentimiento de angustia, sino que volteo su rostro a Dios y le entregó su corazón hecho pedazos. Y aún habiendo cometido este pecado, Dios recuerda a David como un "varón conforme a mi corazón" (1 Reyes 15:3-5, Hechos 13:22). Además, en el resto de los libros de Reyes, se usó a David como el modelo que todos los otros reyes debían seguir y se midió su reinado de acuerdo al reinado de David.
Jesús empezó el Sermón del Monte con las siguientes palabras, que son un resumen de este tipo de arrepentimiento:
Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. (Mateo 5:3-4)
En estas bienaventuranzas, Jesús habla de los "pobres de espíritu" que son aquellos que han sido reducidos hasta ser mendigos. Que han perdido toda riqueza, influencia, honor y posición que les pueda ayudar a salir de sus problemas. Lo único que les queda es rogar por ayuda. Y la otra bienaventuranza habla de los que "lloran", en griego la palabra que usa es "pentheō" que se traduce mejor como "estar de luto". Y nuevamente vemos a un corazón desgarrado. ¡Bienaventurados! Eso dice Jesús. ¡Felicidades! ¡Dichosos son por haber llegado a este punto! Al fin van a voltear su rostro a Dios, recibir su reino, y ser consolados por el Consolador (Juan 14:16-17).
En el Salmo 139:5-6, David dice:
Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano.
Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí;
Alto es, no lo puedo comprender.
¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?
Nuevamente, el hebreo nos pinta una descripción más detallada. La palabra "rodeaste" es צוּר (tzur) y se traduce mejor como "sitiar". En otras palabras, lo que estos versículos dicen es: me rodeaste, me atrapaste, me encerraste por todos lados; hasta el punto en donde mi única salida es rendirme a ti, o morir. ¿A dónde más iré? ¿A quién más me voltearé para buscar ayuda? No tengo otra opción más que ir hacia Ti, Dios. Tal conocimiento, llegar al discernimiento de reconocer de dónde viene mi verdadera ayuda, es demasiado maravilloso para mí. Mi mente no la puede comprender, pero mi espíritu lo anhela y lo necesita desesperadamente.
Le pido a Dios, que nos dé este nivel de humildad. Que podamos permanecer con un corazón que lo reconozca a Él como nuestra única fuente de consuelo y de vida. Que en los momentos de abundancia y gozo, no se nos olvide quién es nuestro proveedor, nuestro creador, nuestro todo. Y que en los momentos cuando tenemos un corazón quebrantado podamos correr al Consolador, con la misma vulnerabilidad que tuvo David.
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