Hay algo que he aprendido a travez de los años y que se me ha hecho más y más obvio cada vez, y es que Dios es mucho más sencillo de entender de lo que pensamos. A veces, nosotros mismos queremos complicar las cosas y nos ponemos a perseguir temas que sólo nos alejan de la simpleza de seguir a Dios. En inglés le llaman "Rabbit Holes" o madrigueras de conejos, que son conceptos profundos y complejos que nos siguen guiando por algo que nos hace sentir que estamos avanzando, pero que al final no llevan a nada. Pero como dice Deuteronomio 30: 11-14:
(11) Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. (12) No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos? (13) Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos? (14) Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.
Ahora que ya tengo el privilegio de ser mamá, para hablar de conceptos bíblicos con mis hijos he tenido que encontrar la forma más simple de explicar los temas, y me he sorprendido de como hasta un niño pequeño puede entender las profundidades de la palabra. Por eso me gusta regresar a lo básico, y eso quiero que hagamos con el tema de este devocional: ¿Me Conoces?
Así que empecemos por considerar qué sería lo más básico de conocer a alguien. O más importante aún, cómo hacer que alguien nos conozca a nosotros.
En esta era de la tecnología y de redes sociales, siento que el concepto de verdaderamente conocer a alguien se está empezando a desaparecer. Porque todos tenemos nuestra forma de presentarnos, o de escondernos, de las demás personas. Tenemos derecho a ver las vidas de personas en cualquier parte del mundo y sentimos que nos hacemos amigos de ellos ya que los "vemos" con cierta regularidad. Pero estamos perdiendo la realidad del contacto humano, de la intimidad entre amigos. Y sentimos que nosotros tenemos que comentar o postear con la misma regularidad o podríamos incluso perder contacto por completo con la gente que consideramos amigos. Digo esto, porque es el perfecto ejemplo de cómo podemos saber acerca de Dios, pero que Dios no sabe acerca nuestro. Podemos seguir a alguien en redes y saber todo acerca de esta persona - dónde vive, qué le gusta, cuáles son sus planes - pero si nunca nos presentamos delante de ellos, puede que ellos ni siquiera sepan de nuestra existencia. Y algo así nos puede pasar con Dios.
Volvamos a leer Mateo 7:23.
(23) Y entonces les declararé: "Jamás os conocí; APARTAOS DE MI, LOS QUE PRACTICÁIS LA INIQUIDAD". (Mateo 7:23)
Lo que más me resalta en estos versículos, es que estas personas habían hecho cosas impresionantes por el reino - hablar en el nombre de Dios, echar fuera demonios y hacer milagros no es poca cosa. Pero aún así, la respuesta de Jesús es: "Jamás os conocí". Y aquí vemos la importancia de que nos hagamos conocidos de Dios. Porque podemos saber acerca de Dios, podemos leer toda la biblia, podemos investigar e imitar las cosas que hace Dios, pero si no pasamos tiempos íntimos en su presencia y si no lo buscamos a Él, todo sería en vano.
En los versículos anteriores, Mateo 7:16, habla de que a las personas se les conoce por su fruto. Y tristemente, ahora habemos varios que nos decimos cristianos, vamos a la iglesia, levantamos las manos en adoración, pero nada cambia en nuestras vidas. No se ve un fruto de intimidad con Dios. Cuántos de nosotros queremos vivir en la casa de Dios, sin cruzar su puerta, sin seguir sus reglas, sin convivir con Dios.
Es como que hiciéramos una fiesta de cumpleaños para nuestro hijo y queremos invitar a las personas más cercanas a nosotros. Pero alguna persona trata de entrar usando la excusa de que ha investigado todo acerca de nuestras vidas, ha tratado de imitar nuestras costumbres y por sus investigaciones se enteró de esta fiesta de cumpleaños. Si algo así pasara, lejos de sentirnos halagados, ¡nos sentiríamos invadidos! Llamaríamos a la seguridad, porque no conocemos quién es este que quiere invadir nuestra celebración.
Eso entiendo por este versículo. No podemos reclamar nuestra entrada al reino de Dios, si en esta vida no tuvimos intimidad con el Rey.
En las siguientes partes del devocional exploraremos como cultivar esta relación. Hoy, detengámonos, abramos nuestro corazón y pidámosle a Dios que nos prenda el fuego y el deseo de tener esta intimidad con Él. Demos el primer paso para iniciar una relación con nuestro Creador y nuestro Padre.
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